Cuerpo y trauma: congelación, dolor crónico y tensión acumulada

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trauma y bloqueo

El cuerpo recuerda lo que la mente intenta olvidar. Esa frase, tan repetida en los últimos años, tiene una base científica sólida: las experiencias traumáticas dejan una huella profunda no solo en la memoria, sino también en los músculos, la respiración, el sistema nervioso y la postura corporal.

Cuando hablamos de trauma no nos referimos únicamente a eventos extremos. También hablamos de experiencias que desbordaron tus recursos emocionales: humillaciones, miedo constante, negligencia emocional, vínculos inseguros, críticas repetidas, estrés prolongado, abandono o situaciones en las que no pudiste defenderte ni expresar lo que sentías.

Cuando algo así ocurre, el cuerpo activa respuestas de protección: congelación, tensión muscular, bloqueo de la respiración, rigidez abdominal, hipervigilancia, agotamiento, desconexión. Estas respuestas no desaparecen solas: el cuerpo las mantiene durante años intentando evitar que vuelvas a sentir aquello que te hizo daño.

En este artículo comprenderás cómo el trauma se queda alojado en el cuerpo, por qué genera dolor crónico o síntomas psicosomáticos, qué es la congelación traumática, cómo afecta al sistema nervioso y qué enfoques terapéuticos ayudan a liberar estas memorias físicas.

Qué es el trauma corporal

El trauma corporal es la manifestación física de una experiencia que sobrepasó tu capacidad de afrontamiento.

No se trata solo del recuerdo mental, sino del registro fisiológico que dejó en:

  • tu respiración,
  • tu postura,
  • tu tono muscular,
  • tu sistema digestivo,
  • tu sistema nervioso autónomo,
  • tus patrones de movimiento.

El trauma no se guarda solo en el cerebro: se guarda en el cuerpo.

Las respuestas del sistema nervioso ante el trauma

Ante una amenaza, el sistema nervioso activa tres respuestas posibles:

  • Lucha: enfrentarte.
  • Huida: escapar.
  • Congelación: quedarte inmóvil.

Las dos primeras requieren energía y movimiento. La congelación, en cambio, implica quedarse paralizado mientras el cuerpo prepara una explosión interna de energía que nunca puede completarse.

Esa energía atrapada es lo que más tarde se manifiesta como:

  • dolor muscular,
  • contracturas,
  • rigidez cervical o lumbar,
  • opresión en el pecho,
  • fatiga,
  • tensión abdominal,
  • hipersensibilidad.

Qué es la congelación traumática

La congelación es una respuesta de supervivencia. Tu cuerpo se queda inmóvil, pero extremadamente activado por dentro.

Sucede cuando:

  • no pudiste escapar,
  • no pudiste defenderte,
  • no pudiste pedir ayuda,
  • no entendías lo que sucedía,
  • eras demasiado pequeño para protegerte.

La congelación deja un patrón característico:

  • respiración casi invisible,
  • cuerpo rígido,
  • sensación de “vacío”,
  • dificultad para conectar con el cuerpo,
  • tensión crónica en abdomen y diafragma.

Es una de las respuestas más frecuentes en el trauma relacional temprano.

Trauma y dolor crónico

El dolor crónico no siempre se debe a lesiones. Muchas veces es una manifestación del sistema nervioso hiperactivado.

Las personas con trauma suelen experimentar:

  • dolor cervical y de hombros,
  • dolor lumbar,
  • mandíbula tensa (bruxismo),
  • migrañas,
  • dolor pélvico,
  • dolor abdominal,
  • fibromialgia.

El cuerpo está atrapado en un modo de alarma constante.

Síntomas corporales del trauma

  • respiración superficial,
  • hiperventilación,
  • tensión mandibular,
  • opresión torácica,
  • mareos,
  • dificultad para relajarte,
  • disociación,
  • rigidez muscular,
  • sensación de estar siempre “en alarma”,
  • problemas digestivos,
  • fatiga extrema.

Memoria somática

La memoria somática es la huella del trauma en el cuerpo.

Puede manifestarse como:

  • dolores sin causa médica clara,
  • tensión persistente,
  • reacciones físicas a estímulos que recuerdan (aunque no lo sepas) el evento traumático,
  • posturas encogidas o protectoras,
  • sensación de amenaza constante.

Cómo las emociones reprimidas se vuelven tensión física

Cuando no pudiste expresar miedo, ira, tristeza o vergüenza, tu cuerpo las guardó como tensión muscular.

Esto puede generar:

  • tensión en abdomen (emociones no digeridas),
  • tensión en pecho (miedo, angustia, bloqueo),
  • tensión en garganta (no poder decir lo que necesitabas),
  • mandíbula tensa (rabia contenida),
  • tensión en espalda (sobrecarga emocional).

Trauma complejo y cuerpo

El trauma complejo —el que se repite en el tiempo, especialmente en la infancia— deja un impacto más profundo en el cuerpo.

Produce:

  • alteraciones crónicas del sistema nervioso,
  • hiperalerta continua,
  • dificultad para descansar o relajarte,
  • problemas digestivos,
  • cansancio extremo,
  • memorias corporales intensas.

El eje cuerpo–mente en el trauma

El trauma altera profundamente el funcionamiento del eje:

  • nervio vago,
  • sistema simpático,
  • sistema parasimpático,
  • respiración diafragmática,
  • digestión,
  • ritmo cardíaco.

Es imposible tratar el trauma sin tener en cuenta el cuerpo.

Enfoques terapéuticos eficaces

1. EMDR

Ayuda a reprocesar memorias traumáticas y reducir activación corporal.

2. Terapia somática

Trabaja respiración, tensión, impulsos de huida o lucha bloqueados y memoria corporal.

3. Somatic Experiencing

Permite completar respuestas de defensa que quedaron atrapadas.

4. Sensorimotor

Integra patrones corporales y emocionales asociados al trauma.

5. ACT

Mejora regulación emocional y reduce lucha interna.

6. Mindfulness con enfoque corporal

Aumenta la capacidad de habitar el cuerpo sin miedo.

Técnicas corporales para liberar trauma

1. Descarga de impulsos (huida o empuje)

Permite liberar energía atrapada.

2. Respiración diafragmática lenta

Activa el sistema parasimpático.

3. Movimientos pendulares

Regulan el sistema nervioso pasando de activación a calma.

4. Liberación miofascial

Ayuda a soltar tensión crónica en zonas muy cargadas.

5. Anclajes corporales

Uso de puntos de apoyo para aumentar la sensación de seguridad.

6. Coherencia cardíaca

Regula frecuencia cardíaca y respiración.

Caso clínico: energía atrapada en el cuerpo

Marta, 35 años, tenía dolor lumbar intenso desde hacía siete años. Ninguna prueba médica encontraba una lesión.

En terapia surgió un patrón claro: Marta llevaba años en congelación. Su cuerpo había aprendido a tensarse para sobrevivir a ambientes emocionalmente imprevisibles.

Con trabajo somático, regulación vagal, EMDR y técnicas de descarga física, el dolor lumbar disminuyó significativamente y su postura cambió.

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El trauma almacenado en el cuerpo no es un defecto, es una forma de supervivencia. Lo que te ocurrió fue demasiado intenso para procesarlo entonces, pero hoy tienes recursos y acompañamiento para liberar esa carga y recuperar una sensación real de seguridad.

Con ayuda profesional puedes:

  • reducir tensión acumulada,
  • salir del estado de alerta,
  • mejorar digestión y respiración,
  • disminuir dolor crónico,
  • recuperar conexión con tu cuerpo.
Pedir información sobre terapia para trauma corporal