Teoría Polivagal: cómo tu sistema nervioso regula la ansiedad, la calma y la conexión (y qué hacer para volver a tu equilibrio)

Hay personas que llegan a terapia diciendo: “Sé que no estoy en peligro, pero mi cuerpo no se entera”. Y otras que dicen: “No siento nada, estoy como apagado”. A veces lo vivimos como un fallo personal, como si fuéramos “demasiado sensibles” o “demasiado fríos”. Pero desde la Teoría Polivagal, lo que aparece no es un defecto, sino un mecanismo de protección profundamente humano.

La teoría polivagal —propuesta por Stephen Porges— ofrece un mapa práctico para entender por qué a veces entramos en ansiedad, por qué otras veces nos quedamos en bloqueo o desconexión, y por qué la sensación de seguridad (especialmente en relación con otras personas) es uno de los reguladores más potentes del cuerpo.

En este artículo, pensado para Mentecita, vamos a explicar con detalle (pero con un lenguaje cercano) cómo funciona este mapa, cómo se relaciona con el estrés, el trauma, la ansiedad y el agotamiento, y qué estrategias pueden ayudarte a recuperar tu flexibilidad: esa capacidad de activarte cuando toca y volver a tu equilibrio cuando ya no hace falta estar en alerta.

La idea central: tu sistema nervioso no busca felicidad, busca seguridad

Uno de los cambios de perspectiva más potentes de la Teoría Polivagal es este: el sistema nervioso no se organiza primero alrededor del “bienestar” o la “calma”, sino alrededor de una pregunta básica:

¿Estoy seguro?

Tu cuerpo evalúa continuamente el entorno y también lo que ocurre dentro de ti. Si detecta seguridad, activa estados de apertura: conexión, curiosidad, juego, digestión, descanso, creatividad. Si detecta peligro, activa estados de defensa: lucha/huida (ansiedad, ira, hiperactivación) o inmovilización (bloqueo, desconexión, colapso).

Y lo más importante: esta evaluación no es necesariamente consciente. No siempre “piensas” que estás en peligro. A veces tu cuerpo lo decide antes de que tu mente lo entienda. Esto explica por qué puedes sentir ansiedad “sin motivo” o por qué puedes quedarte congelado en situaciones que, racionalmente, parecen manejables.

Neurocepción: la detección automática de seguridad o amenaza

Porges utiliza el término neurocepción para describir ese proceso: la detección automática (no consciente) de seguridad, peligro o amenaza vital. Es como un radar biológico.

Este radar se alimenta de múltiples señales:

  • Expresiones faciales, tono de voz, mirada, ritmo del otro.
  • Movimientos súbitos, ruidos, imprevisibilidad del entorno.
  • Señales internas: pulso acelerado, falta de aire, tensión, dolor.
  • Memorias implícitas: experiencias pasadas que quedaron “grabadas” en el cuerpo.

Cuando la neurocepción interpreta “peligro”, no te pide permiso: cambia tu estado fisiológico. Y ese cambio fisiológico influye en tu mente. Por eso, cuando estás en alerta, piensas más en catástrofes; cuando estás en colapso, piensas con desesperanza; cuando estás en seguridad, tu mente se vuelve más flexible.

El sistema nervioso autónomo según la Teoría Polivagal: tres circuitos, no dos

La explicación clásica del sistema nervioso autónomo habla de dos ramas: simpático (activación) y parasimpático (calma). La Teoría Polivagal no niega esto, pero lo amplía con un matiz clave: dentro del parasimpático hay dos modos funcionales distintos.

En términos polivagales, tenemos tres grandes estados o circuitos:

  1. Ventral vagal (seguridad y conexión): “Puedo estar aquí”.
  2. Simpático (lucha/huida): “Tengo que actuar”.
  3. Dorsal vagal (inmovilización/colapso): “No hay salida”.

Esta organización explica por qué no todo lo parasimpático es “relajación”. A veces el parasimpático dorsal se activa como una estrategia de supervivencia cuando el sistema siente que luchar o huir no es posible. Y eso puede parecer depresión, apatía, disociación o fatiga extrema.

1) Estado ventral vagal: el cuerpo se siente seguro y aparece la vida

El circuito ventral vagal se asocia a la seguridad. Cuando estamos ahí, el cuerpo está en modo de reparación y conexión. No significa que todo sea perfecto, sino que el sistema nervioso siente que puede gestionar lo que venga.

Cómo se siente el estado ventral vagal

  • Respiración más amplia y estable.
  • Ritmo cardíaco relativamente regulado.
  • Mayor claridad mental, curiosidad, flexibilidad.
  • Capacidad para conectar: escuchar, hablar, mirar, sentirte con otros.
  • Emociones presentes pero no desbordantes.
  • Digestión más funcional, sueño más reparador.

Este estado es especialmente importante en Mentecita porque está ligado a algo terapéutico esencial: la co-regulación. Muchas veces, para llegar a la regulación, primero necesitamos a otro: una voz calmada, una presencia segura, una relación donde no nos sintamos juzgados. La terapia, cuando está bien hecha, no es solo conversación: es una experiencia de seguridad que reeduca el sistema nervioso.

2) Estado simpático: ansiedad, impulso, acción

El simpático es el sistema de movilización: prepara para actuar. En sí mismo, no es un problema. El problema aparece cuando el cuerpo entra en simpático ante señales que no son realmente amenazantes o cuando no consigue volver al ventral vagal.

Cómo se siente el estado simpático

  • Inquietud interna, urgencia, sensación de “tengo que hacer algo”.
  • Taquicardia, respiración rápida, tensión muscular.
  • Mente acelerada, anticipación, preocupación.
  • Irritabilidad o hiperreactividad emocional.
  • Dificultad para descansar, desconectar o “bajar revoluciones”.

En el mapa polivagal, muchas personas se quedan atascadas en simpático no porque sean “nerviosas”, sino porque su sistema ha aprendido que la vigilancia es necesaria. Esto puede venir de experiencias tempranas de inseguridad, estrés crónico, trauma, o de una vida actual que no deja espacio para recuperarse.

3) Estado dorsal vagal: colapso, apagón, desconexión

Cuando el sistema nervioso interpreta que no hay salida —que no puede luchar ni huir— puede activar el circuito dorsal vagal, asociado a inmovilización. En animales, esto puede verse como “hacerse el muerto” ante un depredador. En humanos, aparece como bloqueo, disociación o apagón.

Cómo se siente el estado dorsal vagal

  • Fatiga profunda, sensación de pesadez.
  • Apatía: “no me importa nada” (aunque por dentro sí importe).
  • Desconexión corporal o emocional: “estoy como en automático”.
  • Nieblas mentales, lentitud, bloqueo.
  • Retraimiento social, ganas de esconderse o aislarse.

Esto es importante: el dorsal vagal no es pereza ni falta de voluntad. Es un estado fisiológico. Muchas personas en colapso se culpan: “debería poder”. Pero el sistema nervioso está en modo ahorro extremo. El camino terapéutico no es empujarse con violencia, sino recuperar seguridad y energía con pasos graduales.

La escalera polivagal: cómo nos movemos entre estados

La Teoría Polivagal describe estos estados como una especie de “escalera”. En condiciones de seguridad, estamos en ventral vagal. Si aparece amenaza, subimos a simpático. Si la amenaza se vuelve inescapable o abrumadora, caemos a dorsal.

Y también existe el camino de vuelta, que es el objetivo terapéutico:

  • Del dorsal (apagón) hacia simpático suave (algo de energía).
  • De simpático hacia ventral (seguridad y conexión).

Esto explica algo que confunde a muchas personas: cuando sales de un colapso, puede aparecer ansiedad. No significa que estés empeorando; puede significar que tu sistema está recuperando energía. A veces, la ansiedad es un puente entre el apagón y la vida.

Por qué a veces “la terapia cognitiva no basta”

Hay momentos en los que intentas razonar y no funciona. Te dices: “No pasa nada”, pero el cuerpo sigue en alerta. Desde el enfoque polivagal, esto tiene sentido: en simpático alto o dorsal, el acceso a recursos de reflexión y flexibilidad se reduce.

En esos estados, el primer paso no siempre es pensar mejor. A veces es regular primero para poder pensar después. Por eso en Mentecita trabajamos mucho con estrategias de regulación corporal, co-regulación y construcción de seguridad interna, además del trabajo cognitivo y emocional.

Co-regulación: el antídoto biológico contra la amenaza

La co-regulación es una idea simple y profunda: los seres humanos regulamos nuestro sistema nervioso en relación. No nacemos regulados. Aprendemos a regularnos porque alguien nos reguló: una madre, un padre, una figura de apego, un entorno que repetía señales de calma y reparación.

Cuando esa experiencia falla —por ausencia, imprevisibilidad, crítica constante, trauma o inseguridad— el sistema nervioso puede quedarse sin un “modelo interno” de seguridad. La terapia puede convertirse en un lugar donde se aprende eso por primera vez: una relación estable, predecible, sin humillación, con límites claros y con capacidad de reparar cuando algo se rompe.

Esto no es “dependencia”. Es fisiología relacional. El ventral vagal se activa, en gran parte, a través de señales sociales: tono de voz, mirada, ritmo, presencia.

Aplicación clínica: ansiedad, pánico, trauma, depresión y relaciones

Ansiedad generalizada

Suele implicar simpático crónicamente activado: preocupación, hipervigilancia, tensión. El trabajo consiste en ampliar ventral vagal (seguridad), bajar el miedo a las sensaciones, y construir hábitos de recuperación.

Ataques de pánico

El pánico es simpático en escalada con miedo a sensaciones internas. El cuerpo se interpreta como peligro. Intervenciones eficaces suelen incluir exposición interoceptiva (aprender a sentir sin catastrofizar) y regulación ventral a través de respiración, grounding y co-regulación.

Trauma complejo

Puede haber oscilación entre simpático (hiperactivación) y dorsal (apagón). Aquí la prioridad es construir seguridad, ampliar la ventana de tolerancia y trabajar a ritmo del sistema, no a ritmo de la exigencia.

Depresión y apatía

En algunas personas, la depresión se parece más a dorsal vagal: desconexión y falta de energía. El camino no es “motivación” inmediata, sino micro-activación gradual y vínculos seguros que devuelvan señales de vida al sistema.

Relaciones y apego

La teoría polivagal conecta con el apego: si una relación dispara neurocepción de amenaza, el cuerpo entra en defensa. Muchas discusiones de pareja no son “falta de amor”, sino sistemas nerviosos en modo protección. Cuando se aprende a co-regular, la relación cambia.

Herramientas polivagales: cómo volver a ventral vagal (sin forzar)

1) Orientación: mirar alrededor para enseñarle seguridad al cuerpo

El simple acto de mirar el entorno lentamente, notando colores, formas, distancias, puede enviar señales de seguridad. Es un mensaje implícito: “estoy aquí, no hay un peligro inmediato”. En estados de ansiedad, esto ayuda a salir del túnel atencional.

2) Voz y respiración: el puente hacia el nervio vago

Exhalaciones un poco más largas, respiración nasal y un ritmo suave pueden favorecer regulación. También ayuda el tono de voz: hablar más lento, con una entonación cálida (aunque al principio suene “forzado”). El sistema aprende por repetición.

3) Contacto seguro: co-regulación consciente

Si estás con alguien de confianza, una conversación breve, un abrazo consentido, o incluso escuchar una voz que te calma puede activar ventral. No es magia: es biología relacional.

4) Movimiento con sentido: completar la energía simpática

Si estás en simpático alto, un paseo, estiramientos o actividad moderada ayuda a descargar. Si estás en dorsal, el objetivo es micro-movimiento: levantarte, luz natural, caminar 5 minutos. Pequeño, pero constante.

5) Ritmo: el lenguaje del sistema nervioso

El sistema nervioso ama el ritmo: caminar con un ritmo estable, balanceo suave, música, respiración rítmica. El ritmo predecible es un mensaje de seguridad.

6) Límites y descanso: seguridad no es solo técnica, es vida

Sin límites, el sistema no siente seguridad. Sin descanso, no hay reparación. El enfoque polivagal también es esto: diseñar una vida donde el cuerpo tenga espacio para volver a casa.

Errores habituales: confundir regulación con “quitar emociones”

Regular no es anestesiar. Regular es sostener. Hay personas que se “calman” desconectándose. Eso puede ser dorsal, no ventral. La diferencia suele sentirse así:

  • Ventral: calma con presencia, humanidad, conexión.
  • Dorsal: “calma” con vacío, apatía, desconexión.

Si te pasa esto, no significa que estés mal, significa que tu sistema aprendió a protegerse así. El trabajo terapéutico es recuperar seguridad suficiente para sentir sin apagarte.

Un mensaje importante: no estás roto, estás adaptado

La Teoría Polivagal es útil porque reduce culpa. Si tu cuerpo se activa, no es debilidad. Si te colapsas, no es pereza. Son estrategias de supervivencia aprendidas. Y lo aprendido se puede reeducar.

El objetivo no es vivir siempre en ventral. Eso no existe. El objetivo es poder subir y bajar por la escalera sin quedarte atrapado. Tener una vida en la que la defensa aparezca cuando toca y se retire cuando ya no hace falta.

Cómo trabajamos esto en Mentecita

En Mentecita abordamos la regulación del sistema nervioso desde un enfoque integrador. Según tu caso, podemos combinar:

  • Psicoeducación clara (para que entiendas qué te ocurre sin asustarte).
  • Trabajo con ansiedad corporal (interocepción segura, exposición gradual).
  • Herramientas de regulación y grounding (para salir de simpático alto o dorsal).
  • Enfoques basados en evidencia (TCC, ACT, EMDR u otros, según necesidades).
  • Trabajo relacional (apego, límites, reparación, co-regulación).

Si sientes que vives en alerta, o que te apagas, o que tus relaciones se convierten en un disparador constante, la terapia puede ayudarte a construir un sistema interno más seguro y flexible.

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Preguntas frecuentes (FAQ)

¿La Teoría Polivagal está aceptada por la ciencia?

La Teoría Polivagal es influyente y ha generado investigación y aplicaciones clínicas, especialmente en trauma y regulación. Como ocurre con muchos marcos en psicología y neurociencia, hay aspectos bien apoyados (como la relación entre tono vagal, regulación y estados autonómicos) y otros que siguen siendo debatidos. En terapia, se usa sobre todo como mapa práctico para comprender estados y orientar regulación.

¿Qué hago si estoy en dorsal vagal y no tengo energía ni para respirar “bien”?

Empieza por lo mínimo: luz natural, beber agua, cambiar de postura, micro-movimiento, una tarea pequeña. La salida del colapso suele ser gradual. Y, si se mantiene, conviene acompañamiento profesional.

¿La co-regulación significa que dependo de los demás?

No. Significa que somos humanos. La autorregulación madura se construye sobre experiencias previas de co-regulación. En terapia se aprende a internalizar esa seguridad para no depender siempre de fuera.

¿Por qué mi cuerpo se activa aunque yo sepa que no pasa nada?

Porque la neurocepción es automática. Tu cuerpo responde a señales implícitas y aprendizajes anteriores. El trabajo es ayudar al sistema a actualizar esa lectura de amenaza con experiencias repetidas de seguridad.

Nota: Este artículo es divulgativo y no sustituye una evaluación profesional. Si tus síntomas son intensos, persistentes o interfieren con tu vida, pedir ayuda es una forma de cuidado, no un fracaso.