Alguien te dice que has hecho un buen trabajo y respondes: «Bueno, tampoco ha sido para tanto». Te dicen que estás especialmente bien y contestas rápidamente: «Será la luz». O alguien reconoce una cualidad tuya y, casi sin pensarlo, buscas una explicación que quite valor al comentario.
Para algunas personas, recibir un elogio resulta sorprendentemente incómodo. No porque no quieran ser apreciadas, sino porque las palabras positivas que reciben de los demás chocan con la forma en que se ven a sí mismas.
Entonces aparece una reacción automática: minimizar, justificar, bromear, cambiar de tema o devolver inmediatamente el elogio para dejar de ocupar el centro de atención.
¿Por qué puede costarnos tanto aceptar un elogio?
Recibir un elogio parece algo sencillo: alguien reconoce algo positivo y nosotros lo aceptamos. Sin embargo, psicológicamente puede implicar mucho más.
Un elogio introduce información sobre nosotros mismos. Cuando esa información coincide con nuestra propia imagen, solemos recibirla con relativa naturalidad. Pero cuando contradice una creencia muy asentada —por ejemplo, «no soy suficientemente bueno», «no tengo nada especial» o «siempre podría haberlo hecho mejor»— puede producirse una especie de conflicto interno.
En lugar de modificar inmediatamente nuestra percepción de nosotros mismos, nuestra mente puede intentar desacreditar la información positiva.
Por eso una persona puede escuchar:
«Has hecho una presentación estupenda»
y pensar automáticamente:
«Lo dicen por quedar bien».
O recibir:
«Eres muy bueno escuchando a los demás»
y responder internamente:
«Si supieran cómo soy realmente, no pensarían eso».
Señales de que tienes dificultades para recibir elogios
No siempre somos conscientes de esta dificultad. A veces simplemente hemos desarrollado determinadas respuestas automáticas.
Algunas señales frecuentes son:
- Responder «no es para tanto» cuando alguien reconoce algo positivo.
- Explicar inmediatamente por qué el mérito no es realmente tuyo.
- Sentir vergüenza o incomodidad cuando alguien habla bien de ti.
- Sospechar que la otra persona exagera o simplemente intenta ser amable.
- Responder al elogio señalando rápidamente un defecto.
- Sentir la necesidad de devolver inmediatamente otro cumplido.
- Pensar que aceptar un elogio puede hacerte parecer arrogante.
- Dar más credibilidad a una crítica que a varios comentarios positivos.
Cuando estos patrones se repiten, puede resultar interesante observar qué ocurre internamente justo después de recibir reconocimiento.
La relación entre los elogios y la autoestima
Las personas con una autoestima vulnerable pueden tener dificultades para incorporar información positiva sobre sí mismas.
Esto no significa necesariamente que piensen constantemente «soy una persona horrible». La autoestima puede manifestarse de formas mucho más sutiles.
Por ejemplo:
- sentir que hay que demostrar continuamente el propio valor,
- necesitar hacer las cosas especialmente bien para sentirse suficiente,
- centrarse inmediatamente en los errores después de conseguir algo,
- compararse con personas que destacan más,
- sentir que los logros son fruto de la suerte.
Desde esta perspectiva, rechazar un elogio puede funcionar como una forma de mantener una imagen previa de nosotros mismos.
La mente tiende a buscar coherencia. Si llevamos años pensando que somos poco capaces, una frase como «eres realmente bueno en esto» puede resultar paradójicamente más difícil de integrar que una crítica.
El sesgo de confirmación aplicado a nosotros mismos
Nuestra mente no analiza toda la información con absoluta objetividad. Tendemos a prestar más atención a aquello que confirma lo que ya pensamos.
Esto se conoce como sesgo de confirmación.
Si una persona mantiene la creencia «no soy suficientemente competente», puede interpretar de forma diferente dos acontecimientos:
- si comete un error, pensará: «Lo sabía, no soy tan bueno»;
- si recibe un elogio, pensará: «Lo dicen porque no conocen realmente lo que hago».
En ambos casos, la creencia inicial permanece intacta.
Este mecanismo puede hacer que diez comentarios positivos tengan menos peso psicológico que una sola crítica.
Cuando aceptar un elogio parece arrogante
También existen aprendizajes familiares y culturales relacionados con la modestia.
Algunas personas han aprendido desde pequeñas que hablar positivamente de uno mismo puede interpretarse como presumir, llamar demasiado la atención o considerarse superior a los demás.
Como consecuencia, pueden aparecer reglas internas como:
- «No debo destacar demasiado».
- «Es mejor ser humilde».
- «Si acepto el elogio parecerá que me creo importante».
- «Los demás pensarán que soy arrogante».
Pero existe una diferencia importante entre reconocer una cualidad propia y considerarse superior a otras personas.
Aceptar un elogio no implica afirmar que somos extraordinarios. Simplemente significa permitir que una información positiva pueda existir sin tener que eliminarla inmediatamente.
El elogio también puede hacernos sentir expuestos
Hay otro componente menos evidente: recibir atención positiva puede generar vulnerabilidad.
Cuando alguien nos elogia, durante unos segundos la mirada está puesta en nosotros. Algunas personas experimentan ese momento como una pequeña exposición.
Pueden aparecer sensaciones físicas como:
- calor en la cara,
- tensión corporal,
- nerviosismo,
- ganas de cambiar de tema,
- risa nerviosa.
La respuesta automática consiste entonces en reducir rápidamente la intensidad de la situación.
Decir «bah, no es nada» puede ser una forma eficaz de cerrar el momento.
El problema es que, si lo hacemos constantemente, nunca aprendemos que podemos permanecer unos segundos en esa incomodidad sin que ocurra nada negativo.
El síndrome del impostor y la dificultad para aceptar reconocimiento
Algunas personas interpretan sus logros como algo accidental. Consideran que han tenido suerte, que los demás sobreestiman sus capacidades o que en algún momento descubrirán que no son tan competentes como parecen.
Este fenómeno suele denominarse síndrome del impostor, aunque no constituye por sí mismo un diagnóstico clínico.
En estos casos, los elogios pueden generar incluso más tensión.
La persona no piensa:
«Quizá estoy haciendo las cosas bien».
Sino:
«Ahora esperan todavía más de mí».
Así, algo que aparentemente debería resultar agradable puede transformarse en presión.
¿Por qué aceptamos mejor las críticas que los elogios?
Cuando existe una autocrítica intensa, las críticas externas pueden resultar dolorosas, pero al mismo tiempo familiares.
Encajan con el discurso interno que ya existe.
Los elogios, en cambio, pueden generar una discrepancia.
Por ejemplo, alguien puede recibir cinco comentarios positivos después de una reunión y una pequeña observación crítica.
Horas después quizá recuerde fundamentalmente la crítica.
No necesariamente porque sea más relevante, sino porque coincide mejor con aquello que teme acerca de sí mismo.
Este mecanismo puede contribuir a mantener una visión injustamente negativa de nuestras propias capacidades.
¿Cómo aprender a recibir un elogio?
No es necesario empezar intentando convencerse de que todo comentario positivo es completamente cierto.
El primer objetivo puede ser mucho más sencillo: dejar de rechazarlo automáticamente.
1. Prueba simplemente a decir «gracias»
Parece trivial, pero puede resultar difícil.
Si alguien dice:
«Te ha quedado muy bien»
puedes experimentar con responder:
«Gracias».
Sin añadir:
«Aunque podría haber quedado mucho mejor».
Observa qué ocurre internamente después.
2. Detecta el impulso de quitar valor al elogio
Puede aparecer inmediatamente un pensamiento:
«Lo está exagerando».
No necesitas discutir con ese pensamiento. Simplemente puedes reconocer:
«Mi mente está intentando desacreditar el comentario».
Crear esta pequeña distancia puede ayudarnos a no reaccionar automáticamente.
3. Pregúntate qué harías si el elogio fuera para otra persona
Imagina que un amigo ha realizado exactamente lo mismo que tú.
¿También pensarías que no tiene ningún mérito?
Esta comparación puede revelar que a veces utilizamos estándares mucho más exigentes con nosotros mismos que con los demás.
4. Permite que exista la posibilidad de que sea verdad
No es necesario pasar de:
«No soy bueno en esto»
a:
«Soy extraordinario».
Podemos adoptar una posición más flexible:
«Quizá haya algo de verdad en lo que esta persona está viendo».
5. No conviertas inmediatamente el elogio en una obligación
Si alguien reconoce algo positivo, intenta observar si tu mente responde:
«Ahora tengo que hacerlo siempre así».
Un elogio sobre algo que has hecho bien no constituye un contrato para hacerlo perfectamente en el futuro.
Un pequeño ejercicio: registrar lo positivo sin discutirlo
Durante una semana puedes anotar los elogios, agradecimientos o reconocimientos que recibas.
No es necesario decidir si son «objetivamente ciertos».
Simplemente registra:
- qué te dijeron,
- quién lo dijo,
- qué pensaste automáticamente,
- qué sentiste,
- cómo respondiste.
Este ejercicio permite observar patrones que normalmente ocurren demasiado rápido.
Quizá descubras que prácticamente todos los comentarios positivos reciben automáticamente una explicación que los invalida.
Detectar ese mecanismo ya supone un cambio importante.
Aprender a recibir también forma parte de las relaciones
Existe otro aspecto importante.
Cuando alguien nos hace un elogio sincero está compartiendo con nosotros su percepción.
Si respondemos sistemáticamente:
«Eso no es verdad»
o
«No tienes razón»,
sin darnos cuenta también estamos rechazando parcialmente la experiencia de la otra persona.
Aceptar un elogio puede entenderse entonces como un pequeño gesto relacional:
«Gracias por decírmelo».
No necesitamos estar completamente de acuerdo para recibirlo.
¿Cuándo puede ser útil trabajarlo en terapia?
Tener cierta incomodidad ante los elogios es frecuente y no implica necesariamente que exista un problema psicológico.
Sin embargo, puede ser interesante explorarlo cuando forma parte de un patrón más amplio caracterizado por:
- autocrítica intensa,
- sentimiento persistente de insuficiencia,
- miedo excesivo a equivocarse,
- perfeccionismo,
- comparación constante con los demás,
- dificultad para reconocer logros,
- vergüenza intensa,
- necesidad continua de demostrar el propio valor.
En terapia no se trata simplemente de aprender a «pensar en positivo».
El trabajo suele consistir en comprender cómo se ha construido nuestra forma de valorarnos, qué reglas internas mantenemos y qué hacemos cuando aparece información que contradice nuestra autocrítica.
Trabajar la autoestima mediante terapia online
La terapia psicológica online puede ser un espacio adecuado para explorar estos patrones porque permite trabajar sobre situaciones muy concretas de la vida cotidiana.
Por ejemplo, podemos analizar qué ocurrió después de recibir un comentario de una pareja, un compañero de trabajo, un amigo o un familiar.
El objetivo no consiste en construir una imagen artificialmente positiva de uno mismo, sino en desarrollar una percepción más amplia, flexible y equilibrada.
Esto implica aprender a reconocer errores sin convertirlos en una definición global de quiénes somos, pero también permitir que nuestros logros, capacidades y cualidades formen parte de nuestra propia historia.
Preguntas frecuentes sobre la dificultad para recibir elogios
¿Por qué me incomoda que me digan cosas buenas?
Puede deberse a diferentes factores: baja autoestima, autocrítica, vergüenza, perfeccionismo, miedo a parecer arrogante o simplemente falta de costumbre. También puede ocurrir cuando el elogio contradice la imagen que tenemos de nosotros mismos.
¿Rechazar los elogios significa tener baja autoestima?
No necesariamente. Algunas personas lo hacen por timidez, educación o normas culturales relacionadas con la modestia. Sin embargo, si ocurre sistemáticamente junto con una percepción negativa de uno mismo, puede estar relacionado con dificultades de autoestima.
¿Cómo debería responder cuando me hacen un cumplido?
No existe una única respuesta correcta. Un sencillo «gracias» suele ser suficiente. No necesitas justificar el elogio, quitarle importancia ni devolver inmediatamente otro cumplido.
¿Aceptar un elogio significa ser arrogante?
No. La arrogancia implica una valoración exagerada de uno mismo acompañada habitualmente de una comparación con los demás. Aceptar que hemos hecho algo bien simplemente significa reconocer una información positiva.
¿Se puede aprender a aceptar mejor los elogios?
Sí. Podemos aprender a observar nuestras reacciones automáticas, reducir la tendencia a desacreditar los comentarios positivos y tolerar gradualmente la incomodidad que puede producir recibir reconocimiento.
No tienes que creerte el elogio inmediatamente
Quizá uno de los cambios más útiles consiste precisamente en abandonar la obligación de decidir inmediatamente si el elogio es cierto o falso.
Podemos permitir que quede ahí.
Alguien ha visto algo positivo en nosotros.
Tal vez nuestra primera reacción sea dudar. Pero no necesitamos eliminar esa información.
Podemos empezar simplemente por responder:
«Gracias».
Y dejar que, poco a poco, nuestra imagen de nosotros mismos tenga espacio para incorporar también aquello que los demás valoran.
Psicología online en Mentecita
Si observas que detrás de la dificultad para recibir elogios existe una autocrítica constante, perfeccionismo, inseguridad o una sensación persistente de no ser suficiente, trabajar estos patrones en terapia puede ayudarte a comprender cómo se han construido y a desarrollar una relación más flexible contigo mismo.
En Mentecita puedes realizar terapia psicológica online desde un entorno privado y adaptado a tu ritmo, integrando el trabajo terapéutico en situaciones reales de tu vida cotidiana.
Aprender a aceptar lo positivo que otros ven en nosotros no significa dejar de ser críticos con nosotros mismos. Significa intentar ser también justos.
