«¿Por qué me siento así?»
Para algunas personas esta pregunta aparece de forma ocasional. Para otras se convierte en una necesidad constante.
No basta con sentir tristeza, ansiedad, enfado o confusión. Necesitan encontrar inmediatamente una explicación, identificar el origen exacto, comprender cada matiz y ordenar emocionalmente todo lo que ocurre en su interior.
Cuando no encuentran una respuesta clara aparece incomodidad, inquietud o incluso angustia.
La emoción deja entonces de ser únicamente una experiencia emocional para convertirse en un problema intelectual que necesita ser resuelto.
La necesidad de entender suele ser una búsqueda de seguridad
Entender proporciona sensación de control.
Cuando sabemos qué está ocurriendo, por qué ocurre y qué lo provoca, el mundo parece más predecible y manejable.
El problema aparece cuando esta necesidad de comprensión se vuelve absoluta.
La mente comienza a transmitir un mensaje implícito:
«Hasta que no entienda exactamente lo que siento, no podré estar tranquilo.»
Sin embargo, las emociones no siempre funcionan de forma tan ordenada.
En muchas ocasiones aparecen antes de que podamos explicarlas y desaparecen antes de que lleguemos a comprenderlas completamente.
La ilusión de que toda emoción tiene una causa única
Nos gustaría pensar que existe una relación sencilla entre causa y efecto:
- Estoy triste porque ocurrió esto.
- Estoy enfadado porque pasó aquello.
- Estoy ansioso porque me preocupa esta situación.
Pero la realidad emocional suele ser bastante más compleja.
Una misma emoción puede estar influida por múltiples factores:
- Estrés acumulado.
- Cansancio físico.
- Preocupaciones de fondo.
- Experiencias previas.
- Conflictos relacionales.
- Cambios vitales.
- Factores biológicos o hormonales.
Buscar una explicación única y definitiva para cada emoción puede convertirse en una tarea imposible.
Cuando entender se transforma en rumiación
Existe una diferencia importante entre reflexionar y rumiar.
La reflexión suele acercarnos a una comprensión útil y práctica.
La rumiación consiste en dar vueltas repetidamente a las mismas preguntas sin avanzar realmente hacia ninguna conclusión nueva.
Algunas señales de que esto está ocurriendo son:
- Repetir mentalmente las mismas preguntas durante horas o días.
- Buscar constantemente nuevas explicaciones.
- Sentir alivio temporal cada vez que aparece una teoría nueva.
- Volver poco después a la sensación de no haber entendido suficiente.
- Experimentar más ansiedad después de analizar que antes de hacerlo.
En estos casos el análisis deja de ser una herramienta de comprensión y pasa a convertirse en una estrategia para intentar reducir la incertidumbre.
La relación con la ansiedad y la necesidad de control
Muchas personas con ansiedad encuentran especialmente difícil convivir con lo ambiguo.
No saber exactamente qué sienten o por qué lo sienten puede resultar profundamente incómodo.
La mente intenta entonces recuperar el control mediante preguntas constantes:
- ¿Estoy triste o simplemente cansado?
- ¿Esto es ansiedad o algo más grave?
- ¿Realmente quiero a esta persona?
- ¿Y si esta emoción significa algo importante?
- ¿Y si no estoy interpretando bien lo que me pasa?
La paradoja es que cuanto más se busca la certeza absoluta, más difícil resulta alcanzarla.
Las emociones no siempre vienen acompañadas de instrucciones
Estamos acostumbrados a pensar en términos de problemas y soluciones.
Si algo ocurre, debería existir una explicación y una respuesta adecuada.
Sin embargo, las emociones no funcionan siempre de esa manera.
A veces la tristeza simplemente está ahí.
A veces sentimos irritabilidad sin una causa evidente.
A veces aparecen emociones contradictorias que conviven entre sí.
Y en ocasiones necesitamos tiempo antes de poder comprender realmente lo que estamos viviendo.
Sentir y entender no son exactamente lo mismo
Algunas personas desarrollan una gran capacidad para pensar sobre las emociones, pero una menor capacidad para experimentarlas directamente.
Hablan mucho acerca de lo que sienten, pero les resulta difícil simplemente sentirlo.
Intentan resolver emocionalmente las cosas desde la cabeza.
Sin embargo, algunas experiencias necesitan primero ser vividas antes de poder ser comprendidas.
No siempre es posible pensar una emoción hasta hacerla desaparecer.
¿Qué puede ayudar?
1. Sustituir el «¿por qué?» por el «¿qué necesito?»
En ocasiones la pregunta más útil no es:
«¿Por qué me siento así?»
Sino:
«¿Qué necesito ahora mismo?»
Las necesidades emocionales suelen ser más accesibles que las explicaciones absolutas.
2. Aceptar cierto grado de incertidumbre emocional
Es posible sentirse triste sin conocer exactamente el motivo.
Es posible sentirse inquieto sin identificar una causa concreta.
Y es posible vivir algunas emociones antes de comprenderlas plenamente.
3. Diferenciar comprensión de control
Entender algo puede ser útil.
Pretender eliminar completamente la incertidumbre emocional suele ser imposible.
No todas las emociones necesitan ser resueltas inmediatamente.
4. Permitir que las emociones evolucionen
Las emociones son procesos dinámicos.
A veces cambian, se aclaran o encuentran sentido simplemente con el paso del tiempo y la experiencia.
No siempre necesitan ser analizadas para transformarse.
El riesgo de convertir las emociones en un examen
Cuando aparece la necesidad de entender absolutamente todo lo que sentimos, la vida emocional puede empezar a parecerse a un trabajo de investigación permanente.
Cada emoción se analiza.
Cada duda se investiga.
Cada cambio interno parece exigir una explicación inmediata.
Pero vivir emocionalmente no consiste únicamente en comprender.
También implica tolerar cierta ambigüedad, aceptar la complejidad y permitir que algunas respuestas lleguen más tarde o, simplemente, no lleguen nunca.
Quizá no necesites entenderlo todo para poder seguir adelante
La mente suele transmitir la idea de que primero llegará la comprensión y después la tranquilidad.
Sin embargo, muchas veces ocurre justo lo contrario.
Primero dejamos de luchar por obtener una explicación perfecta y, solo entonces, la emoción pierde parte de su intensidad.
No todas las experiencias humanas caben completamente dentro de una explicación lógica.
Y quizá una parte importante de la salud emocional consista precisamente en aprender a convivir con aquello que sentimos incluso cuando todavía no sabemos explicarlo del todo.
