“Estoy tranquila, pero tengo ansiedad”: cuando tu cuerpo va por delante de tu mente

“No me ha pasado nada.” “No estoy especialmente preocupada.” “Objetivamente todo está bien.” “Entonces, ¿por qué siento ansiedad?”

Muchas personas llegan a consulta con esta frase: “Estoy tranquila, pero tengo ansiedad.” Y la viven con desconcierto, incluso con miedo. Porque si hubiera un motivo claro —una discusión, un problema laboral, una pérdida— sería más fácil entenderlo. Pero cuando la ansiedad aparece sin causa aparente, la sensación de descontrol aumenta.

La buena noticia es que esto tiene explicación. Y no significa que estés inventando nada, ni que estés perdiendo el control. Significa que tu sistema nervioso puede estar activado aunque tu mente consciente no identifique un peligro inmediato.

En este artículo para Mentecita vamos a explorar por qué ocurre esta sensación, qué mecanismos están implicados y qué puedes hacer para regularla sin entrar en lucha constante contra tu propio cuerpo.

1) La diferencia entre mente y cuerpo: dos velocidades distintas

Tu mente racional y tu sistema nervioso no siempre se mueven al mismo ritmo. El cuerpo procesa señales mucho antes de que la mente las etiquete.

Esto significa que puedes pensar: “Estoy bien”, mientras tu cuerpo está activando una respuesta de alerta.

La ansiedad corporal puede manifestarse como:

  • Opresión en el pecho.
  • Respiración superficial.
  • Nudo en el estómago.
  • Inquietud física.
  • Hormigueo o tensión muscular.
  • Sensación de “algo va a pasar”.

La mente intenta buscar una explicación. Y si no la encuentra, puede aumentar la preocupación.

2) Ansiedad acumulada: cuando el cuerpo no ha terminado de procesar

A veces la ansiedad no viene del presente, sino del estrés acumulado. El cuerpo puede haber estado sosteniendo tensión durante días o semanas. Cuando baja la actividad externa, aparecen las sensaciones.

Es común que esto ocurra:

  • En vacaciones, tras un periodo intenso.
  • Por la noche, cuando todo se calma.
  • En momentos de descanso.

No es contradictorio. Es fisiología: cuando dejas de hacer, empiezas a sentir.

3) La hipervigilancia silenciosa

Muchas personas viven en un nivel de alerta tan constante que lo consideran “normal”. No sienten miedo consciente, pero su sistema nervioso está en modo preparación.

Señales de hipervigilancia sutil:

  • Dificultad para relajarse completamente.
  • Sensibilidad a ruidos.
  • Anticipación constante de problemas.
  • Necesidad de control.

Cuando la hipervigilancia baja un poco, el cuerpo puede liberar tensión en forma de ansiedad física.

4) Ansiedad sin pensamiento catastrófico: el papel del sistema nervioso

No toda ansiedad viene acompañada de pensamientos dramáticos. A veces es puramente fisiológica.

Factores que pueden influir:

  • Falta de sueño.
  • Exceso de cafeína.
  • Estrés sostenido.
  • Cambios hormonales.
  • Sobreexposición a pantallas y estímulos.

En estos casos, el cuerpo está activado aunque la mente no esté generando miedo consciente.

5) El miedo a la propia ansiedad

Cuando notas ansiedad sin motivo claro, puede aparecer un segundo nivel:

“¿Y si me está pasando algo malo?”

Este miedo a las sensaciones puede amplificar el malestar. El ciclo suele ser:

  1. Aparece sensación física.
  2. La interpretas como amenaza.
  3. Se activa más el sistema nervioso.
  4. La sensación aumenta.

Romper este ciclo implica cambiar la relación con la sensación, no eliminarla de inmediato.

6) Cuando la calma externa no coincide con la calma interna

Puedes tener estabilidad laboral, pareja, familia, salud… y aun así sentir ansiedad. Esto puede generar culpa:

  • “No tengo motivos para estar así.”
  • “Debería estar agradecida.”

La ansiedad no siempre depende de circunstancias objetivas. Depende de cómo tu sistema nervioso ha aprendido a responder a la vida.

7) La ansiedad como energía sin dirección

La ansiedad es activación. Energía preparada para actuar. Cuando no tiene una acción concreta, se siente como inquietud difusa.

A veces el cuerpo necesita:

  • Movimiento físico.
  • Descanso real.
  • Expresión emocional.
  • Reducción de estímulos.

No siempre necesita análisis mental.

8) Qué hacer cuando estás tranquila… pero ansiosa

8.1) No luchar contra la sensación

Intentar eliminarla inmediatamente suele aumentar la activación. En lugar de eso, prueba a observarla como una ola que sube y baja.

8.2) Regular el cuerpo antes que la mente

  • Respiración suave con exhalación más larga.
  • Movimiento ligero (caminar, estiramientos).
  • Contacto con el entorno (mirar alrededor, notar colores).

8.3) Reducir estímulos

Espacios sin pantallas ni multitarea ayudan a que el sistema nervioso baje activación.

8.4) Dormir y comer de forma regular

La ansiedad corporal es muy sensible a hábitos básicos.

8.5) Revisar carga acumulada

Aunque no haya un problema puntual, puede haber desgaste sostenido.

9) Cuándo pedir ayuda

Conviene consultar si:

  • La ansiedad física es frecuente e intensa.
  • Interfiere en tu vida diaria.
  • Aparecen ataques de pánico.
  • Evitas situaciones por miedo a las sensaciones.

La terapia puede ayudarte a entender tu patrón de activación y desarrollar herramientas de regulación.

10) Cómo trabajamos esto en Mentecita

En Mentecita abordamos la ansiedad desde una perspectiva integradora:

  • Comprender cómo funciona tu sistema nervioso.
  • Reducir miedo a las sensaciones físicas.
  • Entrenar regulación emocional.
  • Trabajar patrones de pensamiento si están presentes.
  • Integrar cuerpo y mente.

Sentir ansiedad sin motivo aparente no significa que estés rota. Significa que tu cuerpo está intentando comunicar algo. Y ese mensaje puede escucharse sin entrar en pánico.

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Nota: Este contenido es informativo y no sustituye atención profesional. Si la ansiedad es intensa o persistente, solicita ayuda especializada.