Las fases del duelo: qué son, cómo se viven y por qué no siempre ocurren en orden

El duelo es una de las experiencias más humanas que existen. No solo aparece ante la muerte de un ser querido. También puede surgir tras una ruptura de pareja, la pérdida de un trabajo, una enfermedad, un cambio vital importante o incluso la pérdida de una etapa de la vida que ya no volverá.

Sin embargo, cuando estamos dentro del duelo, muchas veces nos preguntamos: “¿Esto es normal?”, “¿Cuánto va a durar?”, “¿Por qué hoy estoy bien y mañana me hundo otra vez?”.

Hablar de las fases del duelo puede ayudar a entender lo que está ocurriendo por dentro. Pero es importante aclararlo desde el principio: el duelo no es una escalera lineal que se sube paso a paso. Es más bien un proceso dinámico, con avances, retrocesos y momentos aparentemente contradictorios.

En este artículo para Mentecita vamos a explorar las fases clásicas del duelo, cómo se manifiestan emocional y físicamente, qué factores influyen en su duración y cuándo conviene pedir ayuda profesional.

1) Qué es el duelo (y qué no es)

El duelo es la respuesta emocional, cognitiva y física ante una pérdida significativa. Es el proceso por el cual el sistema nervioso y la mente intentan adaptarse a una nueva realidad.

No es una enfermedad. No es debilidad. No es “no saber pasar página”. Es una reacción natural ante algo que importaba.

El duelo puede incluir:

  • Tristeza profunda.
  • Rabia o enfado.
  • Culpa.
  • Ansiedad o sensación de desprotección.
  • Vacío o desconexión.
  • Síntomas físicos: cansancio, insomnio, presión en el pecho, falta de apetito.

La intensidad y forma del duelo dependen de múltiples factores: tipo de pérdida, vínculo con la persona, historia personal, apoyo social, personalidad y momento vital.

2) El modelo clásico: las cinco fases del duelo

El modelo más conocido es el propuesto por Elisabeth Kübler-Ross, que describe cinco fases. Aunque fue desarrollado inicialmente en el contexto de enfermedad terminal, hoy se utiliza de forma orientativa para entender procesos de pérdida.

Estas fases no son obligatorias ni universales. No todas las personas pasan por todas ellas ni en el mismo orden.

3) Primera fase: Negación

La negación suele aparecer al principio como un mecanismo de protección. La mente necesita amortiguar el impacto.

Se puede manifestar como:

  • “Esto no puede estar pasando.”
  • Sensación de irrealidad.
  • Funcionar en automático.
  • Dificultad para llorar al principio.

No es que la persona “no entienda” la pérdida. Es que el sistema necesita tiempo para asimilarla. La negación reduce temporalmente la intensidad emocional.

4) Segunda fase: Ira

Cuando la realidad empieza a asentarse, puede surgir rabia. Puede dirigirse hacia:

  • La situación (“esto es injusto”).
  • La persona que se fue.
  • Uno mismo.
  • Médicos, familiares o incluso la vida.

La ira es energía. En el duelo, muchas veces encubre dolor profundo. Aceptar esta emoción sin juzgarla es parte del proceso.

5) Tercera fase: Negociación

La negociación aparece como intento mental de recuperar control. Suele incluir pensamientos como:

  • “Si hubiera hecho esto…”
  • “¿Y si hubiera llamado antes?”
  • “Si hago todo perfecto ahora, quizá…”

Es una fase donde la culpa puede intensificarse. El cerebro busca una explicación que haga la pérdida más soportable. Pero la mayoría de las pérdidas no tienen solución retroactiva.

6) Cuarta fase: Tristeza profunda

En esta etapa el impacto emocional se siente con más claridad. Puede haber:

  • Llanto frecuente.
  • Falta de energía.
  • Dificultad para disfrutar.
  • Aislamiento.
  • Sensación de vacío.

Es importante distinguir entre duelo y depresión. En el duelo, aunque haya tristeza intensa, suele existir conexión con la persona perdida y capacidad intermitente de sentir momentos de alivio. En la depresión, la desesperanza es más global y persistente.

7) Quinta fase: Aceptación

La aceptación no significa que la pérdida deje de doler. Significa que la realidad empieza a integrarse.

La persona puede:

  • Recordar sin desbordarse constantemente.
  • Reorganizar su vida.
  • Sentir gratitud junto al dolor.
  • Construir nuevos proyectos.

Aceptar no es olvidar. Es aprender a convivir con la ausencia.

8) El duelo no es lineal

Es común volver a fases anteriores. Puedes sentir aceptación durante semanas y, ante una fecha significativa, volver a la tristeza intensa. Esto no es retroceso, es parte del proceso.

El duelo funciona como olas: a veces suaves, a veces intensas. Con el tiempo, las olas suelen espaciarse, aunque nunca desaparezcan del todo.

9) Factores que influyen en la duración del duelo

  • Tipo de vínculo (pareja, hijo, amigo, familiar).
  • Tipo de pérdida (repentina, traumática, esperada).
  • Apoyo social disponible.
  • Historia previa de pérdidas.
  • Estado de salud mental previo.
  • Capacidad de expresar emociones.

No existe un “tiempo correcto”. Cada proceso es único.

10) Duelo complicado: cuándo buscar ayuda

Es recomendable buscar apoyo profesional si:

  • El dolor no disminuye con el paso de los meses.
  • Hay incapacidad total para retomar actividades básicas.
  • Aparecen pensamientos de autolesión.
  • Hay consumo excesivo de alcohol u otras sustancias.
  • La culpa es abrumadora y persistente.

El duelo complicado no es falta de voluntad. A veces requiere acompañamiento para desbloquear emociones congeladas.

11) Cómo acompañar el duelo de forma saludable

  • Permitir emociones sin exigirse “estar bien”.
  • Hablar de la persona o situación perdida.
  • Escribir o crear rituales simbólicos.
  • Cuidar sueño, alimentación y movimiento.
  • Buscar apoyo en personas de confianza.
  • Reducir decisiones importantes en momentos muy agudos.

El duelo necesita espacio. No se resuelve ignorándolo.

12) Cómo trabajamos el duelo en Mentecita

En terapia podemos ayudarte a:

  • Procesar emociones intensas sin desbordamiento.
  • Reducir culpa y pensamientos repetitivos.
  • Trabajar pérdidas traumáticas.
  • Reconectar con sentido y valores tras la pérdida.
  • Integrar recuerdos sin que dominen tu presente.

El objetivo no es “superar” la pérdida, sino integrarla en tu historia sin que te paralice.

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Nota: Este artículo es informativo y no sustituye atención profesional. Si el dolor es intenso o persistente, buscar ayuda es una forma de cuidado.