La depresión no siempre aparece como reacción a un acontecimiento difícil. A veces surge “desde dentro”, sin un detonante claro, de forma inesperada y profunda. A este tipo de depresión se la conoce como depresión endógena.
La depresión endógena tiene raíces biológicas, genéticas y neuroquímicas que influyen en el estado de ánimo, la energía, el sueño, la motivación y la forma de sentir. No se debe a falta de voluntad ni a un problema de actitud, sino a una predisposición interna que afecta al funcionamiento del sistema nervioso.
Este artículo profundiza en qué es la depresión endógena, cómo funciona, qué la diferencia de otros tipos de depresión, cómo se manifiesta y cuál es el tratamiento más eficaz.
Qué es la depresión endógena
La depresión endógena es un tipo de depresión mayor que aparece sin una causa externa evidente.
Se caracteriza por una alteración profunda del estado de ánimo, la energía y la motivación, causada principalmente por factores internos:
- genética,
- bioquímica cerebral alterada,
- regulación hormonal,
- funcionamiento del sistema nervioso.
Aunque puedan existir eventos externos, la persona siente que la tristeza, el vacío o la apatía vienen “de dentro”, sin relación directa con la vida cotidiana.
Factores biológicos implicados
La depresión endógena se relaciona con alteraciones en procesos biológicos que afectan al estado de ánimo y la energía:
- Funcionamiento de neurotransmisores como serotonina, dopamina y noradrenalina.
- Disregulación del eje HPA (hipotálamo–pituitaria–adrenal).
- Niveles alterados de cortisol que afectan sueño, apetito y sistema inmunitario.
- Inflamación neurobiológica en algunos casos.
- Metabolismo energético reducido en áreas del cerebro.
Estos factores explican por qué la depresión endógena puede aparecer incluso cuando la vida está aparentemente bien.
Predisposición genética y vulnerabilidad hereditaria
La genética no determina que una persona vaya a tener depresión, pero sí puede aumentar la vulnerabilidad.
Si hay antecedentes familiares (padres, abuelos, hermanos) con depresión, hay más probabilidad de que el sistema emocional de la persona reaccione de un modo depresivo en momentos de estrés o incluso sin ellos.
Esta predisposición influye en:
- cómo se procesan las emociones,
- la sensibilidad al estrés,
- la actividad de neurotransmisores,
- la regulación del sueño.
Neuroquímica de la depresión endógena
Desde un punto de vista neuroquímico, la depresión endógena implica alteraciones en varias sustancias cerebrales que regulan el estado de ánimo:
Serotonina
Asociada al bienestar, la calma y la estabilidad emocional. Niveles bajos pueden generar tristeza profunda, irritabilidad y pensamientos negativos.
Dopamina
Responsable de la motivación, el placer y la energía. Su disminución genera apatía, anhedonia e incapacidad para disfrutar.
Noradrenalina
Regula la energía, la concentración y la alerta. Sus alteraciones generan cansancio intenso, falta de foco y desesperanza.
Estas alteraciones no se corrigen con fuerza de voluntad: requieren intervención profesional.
Qué ocurre a nivel cerebral
En estudios de neuroimagen, las personas con depresión endógena presentan:
- actividad reducida en la corteza prefrontal,
- hiperactividad en la amígdala (miedo y amenaza),
- conexiones alteradas entre redes emocionales,
- cambios en la conectividad del default mode network (rumiación).
Estas variaciones explican por qué la depresión endógena se vive como un estado persistente y desconectado de la situación externa.
Diferencias entre depresión endógena y reactiva
| Depresión reactiva | Depresión endógena |
|---|---|
| Tiene causa externa | Aparece sin causa clara |
| Oscilaciones emocionales | Estado persistente |
| Más asociada a rumiación | Más asociada a anhedonia y fatiga |
| Ligada a situaciones vitales | Ligada a predisposición interna |
Síntomas característicos
La depresión endógena se manifiesta con síntomas más persistentes y profundos:
Emocionales
- tristeza intensa sin motivo,
- vacío o desconexión emocional,
- culpa injustificada,
- desesperanza.
Cognitivos
- dificultad para tomar decisiones,
- pensamientos negativos automáticos,
- ralentización del pensamiento.
Físicos
- cansancio profundo,
- dolores corporales,
- alteraciones del sueño y del apetito,
- baja energía generalizada.
Ritmos biológicos y depresión: el papel del sueño
El sueño es uno de los elementos más afectados en la depresión endógena:
- dificultad para conciliar el sueño,
- despertares frecuentes,
- sueño no reparador,
- despertar temprano con angustia.
Estas alteraciones contribuyen a mantener el estado depresivo.
Rasgos de personalidad asociados
Aunque cualquier persona puede padecer depresión endógena, es más común en quienes tienen:
- perfeccionismo,
- autoexigencia elevada,
- sensibilidad emocional profunda,
- tendencia a la introspección,
- historia familiar de depresión.
Manifestaciones físicas
El cuerpo también muestra señales claras:
- falta de energía incluso tras descansar,
- dolores musculares,
- tensión corporal,
- cambios en el apetito,
- alteraciones gastrointestinales,
- ritmo cardíaco irregular.
Por qué aparece sin motivo aparente
Muchas personas con depresión endógena dicen:
“No sé por qué estoy así, no ha pasado nada malo”.
Esto ocurre porque el origen no es externo, sino interno:
- alteraciones del estado de ánimo derivadas de la biología,
- funcionamiento cerebral diferente,
- regulación emocional afectada,
- predisposición genética.
Comprender esto ayuda a reducir el estigma y la culpa.
Mitos frecuentes sobre la depresión endógena
- “Es solo falta de fuerza de voluntad”. Falso: es un trastorno neurobiológico.
- “Solo hay que poner de tu parte”. Falso: requiere tratamiento, igual que cualquier condición médica.
- “Si tu vida está bien, no puedes tener depresión”. Falso: este tipo de depresión surge desde dentro.
Diagnóstico clínico
Se realiza mediante evaluación psicológica y psiquiátrica, valorando:
- intensidad de los síntomas,
- duración (más de dos semanas),
- interferencia en la vida diaria,
- antecedentes familiares,
- ausencia de causa externa significativa.
Tratamiento recomendado
El tratamiento de la depresión endógena suele combinar psicoterapia, hábitos y, en muchos casos, medicación.
1. Psicoterapia
- ACT: para disminuir lucha interna y activar la vida desde los valores.
- TCC: para modificar patrones negativos de pensamiento.
- EMDR: cuando hay trauma oculto o heridas de apego.
- Terapia somática: para trabajar cuerpo y regulación.
2. Meditación y cuerpo
- mindfulness,
- respiración 4–6,
- coherencia cardíaca.
3. Medicación psiquiátrica
Los antidepresivos (ISRS, ISRN) pueden ser especialmente útiles en este tipo de depresión porque actúan directamente sobre los neurotransmisores implicados.
4. Hábitos y estabilización
- rutinas predecibles,
- actividad física moderada,
- exposición a luz natural,
- higiene del sueño.
Qué puedes hacer en casa
- Establecer pequeñas rutinas diarias.
- Reducir la autoexigencia.
- Practicar respiración lenta 2 veces al día.
- Conectar con alguien de confianza.
- Fijar microobjetivos alcanzables.
No se trata de “motivarte”, sino de sostenerte.
Enlaces internos recomendados
Si te sientes identificado
Sentir depresión sin motivo aparente no significa que estés inventando nada. Significa que tu cuerpo, tu neurobiología y tu sistema emocional necesitan apoyo especializado.
Con el tratamiento adecuado, la depresión endógena mejora de manera significativa.
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