El estómago es uno de los órganos más sensibles al estado emocional. Cuando atraviesas estrés, miedo, angustia, anticipación, preocupaciones o conflictos internos, tu estómago lo nota antes incluso de que seas consciente de lo que sientes. Por eso muchas personas dicen: “Tengo un nudo en el estómago”, “Los nervios me cortan la digestión” o “Se me revolvió el estómago de la ansiedad”.
La gastritis nerviosa —o gastritis por estrés— es una de las manifestaciones psicosomáticas más frecuentes. No es “solo de la cabeza”: es profundamente física. El estrés sostenido altera la producción de ácido, cambia la motilidad gástrica, afecta el nervio vago, aumenta inflamación y modifica la forma en que el cuerpo digiere alimentos… y emociones.
En esta guía completa descubrirás por qué la ansiedad se siente en el estómago, qué mecanismos fisiológicos lo explican, qué emociones tienden a alojarse en la zona abdominal, cómo afecta el trauma al aparato digestivo, y qué estrategias psicológicas y somáticas ayudan a mejorar la gastritis nerviosa de forma duradera.
Qué es la gastritis nerviosa
La gastritis nerviosa es la inflamación del revestimiento del estómago provocada o agravada por el estrés, la ansiedad o la desregulación emocional. No siempre aparece en pruebas médicas, lo cual puede generar frustración, pero esto se debe a que su origen es funcional más que estructural.
El estómago se vuelve más sensible, reacciona de forma exagerada, produce más o menos ácido del necesario, y responde a cualquier emoción intensa como si fuera un estímulo físico.
No es un problema imaginario: es un trastorno psicofisiológico real.
El eje intestino–cerebro: la autopista emocional del cuerpo
El sistema digestivo y el cerebro están conectados por una red inmensa de nervios, hormonas y señales químicas. Esta conexión se conoce como eje intestino–cerebro.
El intestino contiene más de 500 millones de neuronas, muchas más que la médula espinal. Por eso se le llama “el segundo cerebro”.
El 90% de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino, y este neurotransmisor influye tanto en el humor como en la motilidad digestiva.
Cuando el cerebro detecta estrés, manda señales al estómago. Y cuando el estómago está alterado, envía señales al cerebro que aumentan ansiedad y preocupación.
Son dos sistemas que se retroalimentan.
El papel del sistema nervioso autónomo
El estómago depende del equilibrio entre:
- Simpático → acelera, activa, contrae, prepara para la alerta.
- Parasimpático (vagal) → calma, digiere, repara, suaviza.
Cuando la ansiedad activa el simpático durante demasiado tiempo:
- la digestión se detiene,
- hay cambios en la secreción gástrica,
- se inflama el estómago,
- la respiración superficial comprime diafragma y estómago,
- aumenta el ácido o disminuye según el patrón emocional.
Síntomas más frecuentes de la gastritis nerviosa
- nudo en el estómago,
- acidez o ardor,
- pesadez después de comer,
- náuseas,
- inapetencia o hambre emocional,
- estreñimiento o diarrea,
- inflamación,
- sensación de vacío o revoloteo (“mariposas”),
- espasmos estomacales,
- dolor abdominal superior.
El cuerpo está intentando gestionar emociones a través del sistema digestivo.
Emociones que suelen manifestarse en el estómago
El estómago es un centro emocional clave. Especialmente se manifiestan allí emociones como:
- miedo (anticipación, inseguridad, amenaza),
- ansiedad social (temor al juicio),
- vergüenza,
- culpa,
- tristeza contenida,
- rabia inhibida,
- conflictos internos,
- sobrecarga emocional.
Muchas personas sienten el estómago “cerrado” cuando algo emocionalmente importante está ocurriendo.
Trauma y estómago emocional
El trauma psicológico, especialmente el trauma relacional temprano, altera profundamente el sistema digestivo.
Las personas con trauma suelen:
- respirar poco y alto (lo que tensa diafragma y estómago),
- vivir en modo alerta,
- tener hipersensibilidad abdominal,
- notar espasmos gástricos ante cualquier amenaza emocional,
- experimentar digestiones lentas o muy rápidas.
El cuerpo aprende a “cerrarse” para protegerse.
Estilos de personalidad asociados a gastritis nerviosa
- Personas muy autoexigentes
- Perfeccionistas
- Personas que no saben poner límites
- Hipervigilantes
- Personas muy responsables
- Personas que se guardan lo que sienten
- Personas que temen decepcionar a los demás
Son perfiles que tienden a somatizar en el estómago cuando la presión emocional aumenta.
El ciclo ansiedad–estómago–más ansiedad
- Sientes malestar o nudo en el estómago.
- Te preocupas por la sensación.
- El estómago se tensa aún más.
- Aparece más ansiedad.
- La digestión se altera.
- Vuelves a preocuparte.
El tratamiento psicológico busca romper este círculo.
Por qué aparece “sin motivo aparente”
La gastritis nerviosa puede aparecer cuando:
- hay estrés acumulado,
- el cuerpo se relaja tras mucha tensión (efecto rebote),
- hay preocupaciones que no se verbalizan,
- existen conflictos internos no resueltos,
- tu sistema nervioso está sobrecargado.
La emoción aparece primero en el cuerpo y solo después se hace consciente.
Tratamientos psicológicos eficaces
1. Terapia somática
Trabaja diafragma, respiración, interocepción y activación vagal.
2. ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso)
Ayuda a disminuir lucha interna y reduce reactividad al síntoma.
3. EMDR
Útil cuando la gastritis se relaciona con trauma, miedo, abandono o rechazo.
4. Regulación emocional
Procesar rabia, tristeza o culpa alivia mucho el estómago.
5. Mindfulness clínico
Reduce activación simpática y mejora motilidad intestinal.
Técnicas corporales para calmar el estómago
1. Respiración diafragmática 4–6
Inhala 4 – exhala 6 durante 3–5 minutos.
2. Masaje del diafragma
Suaviza la tensión visceral y reduce acidez y espasmos.
3. Coherencia cardíaca
Disminuye cortisol y regula eje intestino–cerebro.
4. Calor suave en abdomen
Relaja musculatura lisa y reduce dolor.
5. Movilidad pélvica y lumbar
Mejora circulación y reduce tensión visceral.
6. Técnica de arrullo del nervio vago
Movimientos laterales suaves de cabeza y ojos.
Hábitos que protegen el sistema digestivo
- rutinas estables de comidas,
- no comer en estado de estrés o prisa,
- reducir estimulantes,
- dormir suficiente,
- caminar después de comer,
- tiempos de descanso real,
- expresión emocional sana.
Caso clínico: estómago cerrado por estrés acumulado
Laura, 32 años, sufría gastritis recurrente desde hacía meses. Las pruebas médicas eran normales, pero su estómago ardía y se cerraba en momentos de tensión laboral y emocional.
Tenía dificultades para expresar que se sentía sobrepasada. Su estómago “hablaba” por ella.
Tras trabajar regulación vagal, límites saludables, expresión emocional y técnicas de respiración, su malestar digestivo disminuyó significativamente en cinco semanas.
Enlaces recomendados del clúster Psicosomática
Enlace real y verificado a Mentes Abiertas Psicología: Gastritis nerviosa: cómo afecta el estrés al estómago
Tu estómago no se equivoca: está protegiéndote
El estómago emocional no es un fallo del cuerpo, sino una respuesta inteligente ante la tensión interna. Cuando las emociones se acumulan o no encuentran salida, el cuerpo las procesa como puede.
Con ayuda profesional puedes:
- regular tu sistema nervioso,
- reducir inflamación y acidez,
- mejorar tu relación con la comida,
- procesar emociones que afectan tu digestión.

